Por: Lilia Ramírez-Sebastián

Cuando esto sucede, la vida se va en un instante tanto para el hijo como para la madre soltera, ya que el vínculo es más estrecho por ser una familia monoparental, donde todo se conjuga, todo se comparte, la vida, y ahora la muerte.

"Le digo a Sebastián que fue un honor el haber sido su madre".

Mi amado Sebastián murió hace un mes, el 27 de noviembre. Yo estaba en casa, era muy temprano cuando llegaron sus amigos y con fuertes golpes en la puerta me despertaron para decirme lo inevitable, Sebastián había sufrido una fatal caída que lo tenía agonizante. Corrí a sus brazos, llegué y aun lo encontré con un soplo de vida. Él estaba tan tranquilo a pesar del estado lamentable de su condición. El médico me dijo minutos antes, su hijo esta agonizando, ya no hay nada que se pueda hacer. En ese momento, yo me aferré al diez por ciento de probabilidades que el neurólogo con su experiencia había dejado en el aire, seguía aferrada a que mi hijo despertaría y que él viviría, pero no fue así, unas cuantas horas después, Sebastián murió. Era un domingo y después vinieron los trámites legales para que me entregaran el cuerpo de mi hijo. Como autómata tuve que hacerlo, mis amigos y amigas estuvieron conmigo a cada momento, pero yo me preguntaba, si eso era verdad o estaba soñando pues yo quería que mi hijo apareciera por esa rampa de urgencias corriendo y diciéndome “aquí estoy mami, no me pasó nada”, pero eso no sucedió, ya que al siguiente día lo velé en una capilla que estuvo atiborrada de sus amigos que lloraban como niños, por la irreparable pérdida de su amigo, de su amado amigo.

Los siguientes dos días fueron aún más dolorosos ya que tuve que enterrar a mi hijo en otra ciudad cerca de donde viven sus abuelos. Cuando me despedí de él, sentía que se me acababa la vida, que yo moría con él. Pero luego pensé en qué sentiría mi hijo si me viera, llorando, abatida, deprimida, y sumida en el dolor, pensé que Sebastián estaría aun más triste y que ésta sería una “doble tragedia” que mi hijo no podría soportar, por eso tomé la decisión de abrazarlo en mi corazón, de traerlo conmigo, de platicar con él sobre mis planes, de lo que quiero hacer con mi vida, con lo que me quede ahora sin él. Porque como madre soltera debo confesar, que  EL era mi vida, mi razón de ser. Por él yo salía a trabajar todos los días, por él yo soportaba cualquier cosa o casi cualquier cosa con tal de que mi hijo tuviera lo necesario, que no le faltara nada, y sobre todo amor….Y eso fue lo que me ha mantenido fuerte, el saber que lo amé, que lo amo y que siempre lo amaré. Que me dediqué a él al cien por ciento, que fui una buena madre soltera, que fui su padre y su madre y que cualquier sacrificio no importaba si con esto mi hijo iba a estar mejor, feliz, contento y sobre todo lleno de amor.

Ser madre soltera es difícil, y perder a un hijo es aun más difícil, pero yo quiero decirles a las madres solteras que hayan perdido a un hijo, que el dolor es menor cuando vienen a la mente esos hermosos recuerdos donde nuestro hijo nos hacía feliz, cuando nosotras nos desvelábamos para que él no estuviera enfermo, para que sanara aun y que al siguiente día tuviéramos que trabajar. Ese doble valor que como madres solteras tenemos es el que tenemos que poner en práctica ahora con la pérdida física de nuestro amado hijo, por eso yo le digo a Sebastián que fue un honor el haber sido su madre, el haber luchado tanto y el haberlo amado aun más como sé que él me amó, como sé que él me valoró, por eso donde está mi hijo en el cielo debe saber que sigo aquí, llena de vida, de su vida, de sus momentos, de su precioso rostro y de su corazón que late junto al mío… te amo Sebastián.