Detrás de toda crisis de pareja hay un desequilibrio, una situación nueva ante la que las dos personas están en desigualdad de condiciones. Para recomponerse, el que queda en posición fuerte debe comportarse con amor y, el otro, dejarse ayudar.

Es inevitable que las crisis de pareja ocurran. Algo nuevo sucede o viene sucediendo, se rompe el equilibrio al que se había llegado y no es posible llegar a un nuevo equilibrio, entonces se produce la crisis. Es algo normal y natural, es parte de la vida de pareja.

Si queremos que la pareja perdure, no se trata de evitar los desequilibrios sino de aprender a resolverlos.

En la vida de una pareja, a cada uno le tocará alternativamente ayudar y ser ayudado.

En la vida de una pareja, a cada uno le tocará alternativamente ayudar y ser ayudado.

Desajuste de la pareja

Elena describía así su crisis:

“Javier era amoroso, volvíamos del trabajo, nos repartíamos las tareas, el viernes por la noche era nuestro día, salíamos a cenar, lloviera o tronase. Los fines de semana eran siempre una sorpresa. Nunca los planeábamos, se planeaban ellos mismos. Un día le propusieron a Javier un nuevo cargo. Ese viernes lo celebramos especialmente, se abría una excelente perspectiva profesional y económica. Sin embargo, transcurrido un año y medio, tengo poco para celebrar. Él ha crecido mucho laboralmente, hemos progresado en lo económico pero su trabajo lo ha ocupado todo. Las tareas cotidianas ya no se reparten. Al principio me encantó colaborar de esa manera en su crecimiento, pero ahora siento que se ha ausentado de la pareja. Los viernes está exhausto y, durante el fin de semana, suele estar con la cabeza en otro lado. Realmente me siento cada vez más aislada y relegada, siento que nuestra pareja ha entrado en crisis”.

Como en el caso de Javier y Elena, detrás de cualquier crisis de pareja que observemos hay un desajuste de la balanza el centro se ha desplazado, ya no se perciben el uno al otro en igualdad de condiciones. Para Javier ha mermado la posibilidad de nutrir a la pareja, mientras que para Elena ha disminuido la posibilidad de ser nutrida por ella.

Hay muchas circunstancias que inclinan la balanza a lo largo de la vida de la pareja: la pérdida o sobrecarga de trabajo, el desarrollo profesional desigual, el desvío de atención por la enfermedad de hijos o parientes cercanos, los viajes de trabajo…

¿Todos estos desequilibrios tienen que terminar forzosamente en una crisis de pareja? La respuesta: no necesariamente.

Desequilibrio, dolor y poder

Agustín había perdido el trabajo y había caído en una depresión. Fue entonces cuando Sofía dejó en segundo plano las tareas domésticas para darle un nuevo impulso a su profesión de kinesióloga, que antes sólo ejercía a tiempo parcial. Las cosas mejoraron significativamente para ella, mientras que Agustín, si bien encontró otro trabajo, nunca pudo recuperar su antiguo estatus y quedó como segundo sueldo de la casa. Sofía en cambio quedó en una posición de poder económico y lo hacía notar ante Agustín. La pareja llegó a mi consultorio a punto de la separación.

Lo que desencadena la crisis no es el desequilibrio, sino lo que cada integrante de la pareja hace con esa diferencia que surge en el poder de cada uno. En nuestro caso, Sofía usaba ese poder para, inadvertidamente, hacérselo sentir a Agustín. Quien se encontraba en una situación sumamente dolorosa, donde acumulaba un resentimiento que le impedía salir totalmente de la depresión.

Sofía, ocupando el terreno que había cedido Agustín, estaba tomando todas las decisiones económicas sin consultar previamente, además de mostrar un orgullo que lo hería. Ella creía que actuando de este modo le ahorraba esfuerzos a Agustín, pero la realidad era que él se sentía dejado de lado y no se atrevía a manifestarlo, ya que “el dinero era de ella”. Sin embargo, cuando “el dinero era de él”, las decisiones de la pareja eran compartidas.

Sortear las situaciones de crisis de pareja es un arte donde el amor tiene mucho que ver. Cuando queremos a nuestra pareja no utilizaremos nuestra fuerza para dominar.

Necesitamos tener a raya nuestro orgullo para no lastimar; la misma situación ya hiere lo suficiente.

Ante las heridas, es necesario evitar los alejamientos y favorecer el contacto, ya que los alejamientos prolongados congelan o ahondan las crisis.

Procedencia de la información:
Revista Cuerpo Mente nº 20
Autora: Silvina Salinas, psicóloga.
Artículo: Superar una crisis

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