STEVE JOBS, FUNDADOR DE APPLE COMPUTER, ERA HIJO DE MADRE SOLTERA
“Hace casi un año me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un chequeo a las 7.30 de la mañana y claramente mostraba un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable, y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses…”

¿Qué se puede decir de este hombre hoy? Se puede decir que fue el creador y dueño de emprendimientos tales como Apple y Pixar, matriz de preciosidades cinematográficas como Toy Story, por citar un ejemplo a mano en mi memoria.
Dado en adopción
¿Qué más? También puede decirse que fue hijo de madre soltera, señora que decidió darlo en adopción, en temprana edad del crío, a una pareja universitaria, que no lo aceptó finalmente porque deseaba una niña. Que entonces fue ofrecido, cual mercancía vulgar, a una pareja de clase trabajadora que lo educó como supo y pudo, lo que hizo que a los 17 años Steven debiera rápidamente abandonar sus recién iniciados estudios universitarios por falta de fondos para sostener tal propósito. No obstante, podría decirse que no se retiró, sino que continuó como oyente, asistiendo a clases aparentemente tan poco gravitantes en su destino como caligrafía.
Puede contarse, asimismo, que creó Apple de la nada más nada en el garage de la casa de un amigo suyo cuando contabilizaba sólo 20 años, y en 10 la llevó a la cima del éxito económico y tecnológico.
¿Y qué más, Hernández? Que le fue diagnosticado un cáncer de páncreas, que lo hizo sucumbir a este tránsito terreno. Y que se dirigía a alumnos de la Universidad de Stanford hace un tiempo en términos que bien podrían ser caracterizados como cándidos, infantilmente esperanzadores, un poco encorsetados en cierto cliché que “lo norteamericano” se ha encargado de instalar en el mundo como una idea fuerza. Sin embargo, siendo Jobs la excepción a cierta regla que más tarde enunciaré, sírvase observar este discurso que pronunció cuando no era tan cierto el desenlace de su vida:
Declaraciones de Jobs sobre su enfermedad
“Mi (…) historia es sobre la muerte. Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: ‘Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón’. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado al espejo y me he preguntado: ‘Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?’. Y si la respuesta era ‘no’ durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.
Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque prácticamente todo, las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso, se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante.
Recodar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo: no hay razón para no seguir a tu corazón.
Hace casi un año me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un chequeo a las 7.30 de la mañana y claramente mostraba un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable, y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que fuera a casa y que dejara arreglados mis asuntos, forma médica de decir: prepárate a morir.
Significa intentar decirles a tus hijos en unos pocos meses lo que ibas a decirles en diez años. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.
Viví todo un día con ese diagnóstico. Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que, cuando vio las células al microscopio, el médico comenzó a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático, que se puede curar con cirugía. Me operaron, y ahora estoy bien.
Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil pero puramente intelectual: nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que quiere ir al Cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo, la Muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella, y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida: retira la viejo para hacer lugar a lo nuevo.
Ahora mismo, lo nuevo son ustedes, pero dentro de no demasiado tiempo, en forma gradual, se irán convirtiendo en lo viejo y serán apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto. Su tiempo es limitado, así que no lo gasten viviendo la vida de otro. No se dejen atrapar por el dogma que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejen que el ruido de la opinión de los demás ahogue su propia voz interior. Y lo más importante: tengan el coraje de seguir su corazón y su intuición. De algún modo ellos ya saben lo que realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario.
Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog (Catálogo de toda la Tierra), una de las Biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Menlo Park, y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquina de escribir, tijeras y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años antes de que llegara Google. Era idealista y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos.
Stewart y su equipo sacaron varios números de The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número. Fue a mediados de los 70 y yo tenía la edad de ustedes hoy. En la contraportada de su último número, había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autostop si eres aventurero. Bajo ella estaban las palabras: “Sigue hambriento. Sigue alocado”. Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento, sigue alocado. Y yo siempre he deseado eso para mí.
Y ahora, que ustedes se gradúan para comenzar de nuevo, les deseo eso. Sigan hambrientos. Sigan alocados”.
Procedencia de la información:
Noticias & Protagonistas
Regla y excepción
