SOY MADRE SOLTERA DE UNA ADOLESCENTE. “Aún siento que me falta algo. Es como si me hubiera roto”
Lin es una joven madre soltera con una hija adolescente a la que adora. Su embarazo, parto y post-parto fueron difíciles. El padre de la niña la abandonó, cayó en depresión… No les voy a contar más. Es una dura historia de una bella mujer. Cálida. Con ganas de gustar sin gustarse… Es joven y, sin embargo, ha vivido demasiado. Es fuerte, pero le persigue la fragilidad. Necesita apoyo y se lo vamos a dar. Por favor, escríbanle, aunque sean esas dos palabras que obran milagros: “te quiero”.
Lin escribió…
Hola, mi experiencia fue la siguiente: Me embaracé a los 17, locamente enamorada del padre de mi hija…
Una vez que me embaracé, él me dio unas pastillas abortivas que consiguió en la universidad. A escondidas de mí, las mezcló en un té y un pastel. Eso fue cuando tenía 3 meses. Felizmente mi cuerpo reaccionó con vómitos y malestares. Él se asustó y me confesó lo que había hecho… Sin embargo, desde ahí en adelante se apoderó de mí un gran dolor y mucha rabia.
A los 7 meses de embarazo él me dejó y me quedé sola, pues mis padres aun no asumían mi estado y no me dirigían la palabra. El que yo estuviera embarazada, no era una bendición de Dios para mis seres queridos. Era una vergüenza familiar. Por lo tanto entré en un estado depresivo gigantesco. Por ese entonces, años 1994/1995, en mi país, Chile, no se hablaba de la “Depresión en embarazadas y post-parto”. Simplemente me tildaron de loca, insolente, anoréxica y un sin fin de apelativos peyorativos.
Después de dar a luz, mi estado emocional empezó a afectarme biológicamente. Tenía un sueño profundísimo, perdí casi por completo el apetito, y sentía un cansancio horroroso. No lograba despertar cuando mi bebita lloraba de hambre. Entonces las personas pensaban que yo no quería alimentarla o que no quería atenderla, etc. Trabajaba de día, estudiaba de noche, adelgacé como una “anoréxica”.
Cuando mi hija tenía 7 meses comencé a sufrir desmayos, pérdida de memoria (aun no recupero algunas memorias). Por ejemplo, una vez tomé un taxi fuera del lugar donde estudiaba. Era viernes, cerca de las 17 hrs., y no recuerdo a donde fui, ni donde estuve, ni con quien… Luego de eso recuerdo estar cerca de una playa y sucia, sin ducha y con la misma ropa del viernes. Me asusté y fui a la casa de la madre de unos amigos a pedir ayuda. Descubrí que ya era domingo, ella llamó a mi madre y luego me fui a mi casa. Hasta hoy no sé qué pasó esa vez y otros episodios parecidos, pero más cortos. Quiero dejar en claro que no tomaba ningún medicamento, ni drogas; sí fumaba, porque calmaba un poco mi constante ansiedad…
Hoy tengo 33 años y aún siento que me falta algo. Es como si me hubiera roto. No sé como explicarlo. Nunca más tuve novio, ni tampoco sexo. Mi hija ya es adolescente y dedico mi vida a ella. Somos bien unidas… pero ella nota que soy diferente y que nunca más me di la oportunidad de conocer a alguien. No me encuentro bella. Tengo inseguridades tremendas de cómo soy yo como persona y también de cómo luce mi cuerpo… No gusto de mirarme en el espejo, ni hago mucha vida social.
Creo que nunca traté mi depresión, y he usado por años el trabajo, los estudios, como una especie de “terapia”. Cuando me viene la tristeza y me siento miserable por lo que he pasado, me pongo a trabajar y tengo unos rendimientos excelentes… Y cuando llega la noche veo a mi hija y reprimo cualquier sentimiento de tristeza. Ella no se merece tal cosa. Ella no fue un embarazo planeado, pero NUNCA fue para mí un embarazo “no deseado”, porque pese a las circunstancias, cuando supe que la esperaba, la quise desde el primer momento. Y cuando todo se volvió en mi contra, más la quería y me apegaba a ella.
No obstante, el desprecio y los prejuicios de mis amados parientes y personas cercanas melló en mi corazón tan profundamente, que me siento diferente. No encajo en ninguna parte, en el trabajo soy trabajólica, no me detengo a conversar con nadie, porque siento vergüenza de mi situación, de que me abandonaron y nunca más me quisieron. Así es que guardo muchas reservas. Mis compañeras de estudio, mis amigas de adolescencia, recién a esta edad están teniendo hijos o tienen hijos pequeños, se han casado, han formado familia, así es que el roce social que llevo es solo para ir a tomar el té o asistir a algún bautizo… por lo demás socialmente me siento presionada cuando todo el mundo me pregunta por qué no tengo novio, por qué no me he casado, hasta me han preguntado si soy lesbiana… No tengo nada contra el lesbianismo, pero no es mi caso….
Bueno, agradezco estas instancias, me permite desahogarme un poco. Nunca hablo de mis asuntos con nadie. Sí me gustaría preguntar, que tan efectivo es hacer terapia para superar los traumas adquiridos ¿existe algo que ayude a mirar las cosas con otras perspectivas?…
Tengo miedo que cuando mi hija vaya a la universidad y yo quede sola, me ocurran sentimientos depresivos y me pase algo, o quiera atentar contra mi vida… teniendo en cuenta que cuando pasé por estos periodos de depresión muchas veces cruzó por mi mente terminar con mi vida y la de mi hija, pero nunca tuve el coraje o más bien gracias a Dios que esto nunca fue permitido. La vida de mi hija es preciosa; a veces en el trabajo de solo pensarla mi rostro sonríe.
Bueno, un beso y gracias por el espacio.
Respuesta de Calendula…
Querida Lin, ¡cuánto daño puede hacer un abandono… y después no encajar en la familia… y sentir el rechazo social… para, seguidamente, creerte que no vales nada, que nadie se fijará nunca en ti!
La fuerza y el poder curativo de las palabras es enorme y, sin embargo, a menudo las utilizamos sólo para llenar vacíos en conversaciones intrascendentes (esas charlas son necesarias, relajan, pero hay que saber diversificar).
En un buen número de casos las madres solteras reciben ayuda de sus familiares, pero nada más. Sólo ayuda. Ni una palabra de cariño, de aliento, de comprensión. Y ahí la soledad empieza a anidar en tu corazón; te ves horrible, abandonada, y nadie interviene para que te sientas mejor.
A ti, como a mí, nos hubiera gustado escuchar el murmullo amoroso de las siguientes palabras: “Te queremos, sigues siendo nuestra hija, nuestra hermana, y no permitiremos que nadie te haga daño, ni a ti ni a la niña. Y estaremos a tu lado para que sufras lo menos posible. Juntas, obraremos el milagro de llevarte en volandas como en la composición de una pintura campestre, para que te sientas feliz, y joven, y sana, y bella, y divertida…”
Lin, vuelve a ser como cuando eras una niña más o menos feliz. Y empieza a cambiar tus ideas sobre ti. Reconstruye tu persona, con cariño, porque eres única. Y cuando vuelvas a ser una persona nueva, entonces empezarás a vivir con la felicidad que da sentirse bien con una misma. Las madres solas sabemos mucho de este largo y definitivo ejercicio de restauración: borra los elementos superpuestos, quita la suciedad, repinta cada rincón, y agrega tu propia firma al pie del cuadro.
Procedencia de la ilustración:
nacion.com (Costa Rica)
Calendula
calendula@yosoymadresoltera.com


liiin la verdad que me siento muy identificada con tu historia!es dificil tenes que pasar x el abandono del ser que tanto amas! en el momento que mas se lo necesita! pero kieor decirte que herase una mujer de fierro al pasar x tdo eso y seguir luchando! nustras hijas son la fuente d nuestras vida..! y sin ellas no seria tan facil seguir espero que estas palbaras te hayan ayudado un poko y se mas positiva que tdio en esta vida es recompensado saludos!
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LikeDislikeCalendula, muchas gracias!!!
Tus palabras realmente son reconfortantes, relmente es preciso una reconstrucción de mi persona, quitar de encima aquellas situaciones o momentos pasados que aun pesan en mi, busco la fuerza para renovarme y recibir de la vida nuevas oportunidades y encontrar la tan anhelada felicidad o por lo menos la paz con migo misma.
Un abrazo con cariño!
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