REPÚBLICA DOMINICANA. La censura musical encrespa los ánimos
Santo Domingo, julio (SEMlac).- Una polvareda de criterios polarizados alrededor de los efectos que tiene la música sobre los públicos y, en particular, los textos de ciertas canciones de grupos populares, ha causado la decisión del gobierno de censurar algunos temas de ‘reguetón’ que, según la opinión de un sector de la población, conllevan mensajes negativos.
El debate comenzó una semana atrás, cuando organizaciones muy ligadas a los problemas de las mujeres, como el Patronato De Ayuda a Casos de Mujeres Maltratadas (PACAM), la Fundación Vida Sin Violencia y otras instituciones solicitaron a la Comisión de Espectáculos Públicos poner freno a la difusión de reguetones que -aseguran- “tienen mensajes negativos para los niños, niñas y adolescentes”.
La Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía de la República Dominicana prohibió 22 temas de este género musical, de cinco conjuntos distintos, alegando que estas canciones “atentan contra la moral y las buenas costumbres de la familia dominicana, por denigrar a la mujer y por incitar a la violencia y al consumo de drogas”.
Figuras destacadas del movimiento de mujeres reaccionaron de inmediato, en la mayoría de los casos para asegurar que la medida constituye un exceso, mientras los músicos cuyos temas fueron censurados reaccionaron airados: aseguran que seguirán tocando esas músicas y todas las que les pidan sus públicos.
Entre los afectados están los puertorriqueños de la agrupación Calle 13, los del patio Pablo Piddy, el también rapero puertorriqueño Tego Calderón y su coterráneo Ñejo, más el dominicano que se hace llamar El Poeta Callejero. Tanto algunas de las agrupaciones o artistas censurados, como la gente que ha participado del debate interactivo en la prensa y en las redes sociales, expresan que este acto de prohibición de sus músicas responde a una actitud del gobierno contra quienes consideran adversos o solidarios con la oposición.
Y es que el temperamento dominicano tiende a politizar casi cualquier hecho para colocarlo en el terreno de alguno de los dos partidos políticos más influyentes: el gobiernista Partido de la Liberación Dominicana y el enfrentado Partido Revolucionario Dominicano. El año entrante hay elecciones presidenciales.
Tal es el caso de Calle 13 que, en su descargo en Twitter @Calle13Oficial escribió palabras muy fuertes: “Qué se puede esperar de un gobierno que no puede otorgar ni siquiera cuatro por ciento ‘pa’ la educación cuando el pueblo lo pide”, dijo René Pérez.
El artista alude a otra polémica que hace cinco meses viene provocando manifestaciones y ha generado un movimiento de protesta conocido como “La Sombrilla Amarilla”, color que ha utilizado para demandar a las autoridades que destinen cuatro por ciento del Presupuesto Nacional a la educación, tal y como lo establece la Constitución. Actualmente el monto es de 2,4 por ciento y el país ocupa uno de los últimos tres lugares en Latinoamérica en calidad de la enseñanza.
La lista de temas censurados de Calle 13 incluye “Vamo’ a portarnos mal”, “Fiesta de locos”, “Ojalai”, “Vamos Animal”, “La madre de los enanos”, “Se vale to” y “La Tripleta”. Esta banda tiene un concierto programado aquí en agosto.
El Gobierno dominicano también prohibió “Me hace Goló Goló” y “Córtala’”, del interprete local Pablo Piddy, según una resolución de la Comisión de Espectáculos Públicos. La medida también afecta a “El Cerdo”, del rapero puertorriqueño Tego Calderón; “Deja que se me suba la nota”, del también boricua Ñejo, y “Voy hacer lo que yo quiera”, del cantante local El Poeta Callejero.
Mirada al debate y los criterios
Lo que parece causar mayor escozor a quienes polemizan es la prohibición misma. Así se expresaron en un Foro interno de Feministas, la académica Virtudes de la Rosa, la activista social Germania Galván, la médica Lilliam Fondeur y la funcionaria Amparo Arango.
La abogada Susi Pola, luchadora contra la violencia de género, dijo que prohibir no es el camino; y la investigadora Carmen Luisa Figueras opinó que el Grupo Calle 13 es irreverente, pero muy bueno.
Sin embargo, en la polémica abierta por el digital 7Dias.Com, hubo de todo. Un dominicano residente en Nueva York atribuyó el problema a los políticos: “esos que escriben defendiendo la baja calidad de esos dizque músicos parece que no tienen hijos. Están contra el gobierno y apoyan lo que sea, hasta las inmoralidades. Libertad es una cosa, abuso contra la educación es otra, sea porque no se da el cuatro por ciento o porque se promuevan los peores valores bajo pretexto de música”.
En una onda más realista se expresó un residente en el Distrito Nacional de la capital dominicana, Lucas Adams: “Es una estupidez hablar de prohibir canciones en la era del internet, youtube, usb, descargas y celulares ultramodernos”.
Víctor F. Rodríguez, de Santo Domingo, se coloca en la posición de padre: “La medida de censura por parte del gobierno dominicano es totalmente correcta. Debió de haberse tomado mucho tiempo atrás. Un país sin educación no puede ser conducido a mayor ignorancia a través de una lírica que en nada educa, sino que inspira a la violencia, las drogas y el mal lenguaje “.
¿Qué dicen las canciones?
La corriente musical y bailable de lo urbano conforma en el presente una contracultura muy a tono con una época de incertidumbres. Ya en la primera mitad del siglo pasado, el poeta estadounidense Allan Ginsberg acompañó las rebeldías y el movimiento por los derechos civiles con creaciones desafiantes que fueron seguidas por miles que, entre otras cosas, se opusieron a la guerra en Vietnam.
Ahora, un poco antes, y también será así un poco después, es posible identificar en muchos pueblos, y particularmente entre la gente joven, esas expresiones contraculturales que subvierten, hieren los oídos, se encrespan frente a las imposiciones y aspiran a establecer sus modos de ser y hacer. Acompañadas de la música reiterativa de raps y reguetones, algunas letras -ciertamente- proclaman “cosas feas” desde lo tradicional.
Pablo Piddy cuenta en su canción Córtala: “Córtala tírala en el suelo y coca cola/ //(Pa q prepare un batón pà matarlo en la rigola)// siiiii /a mi me gutan la verde por que la mota/ queda nota mejor tu la conserva por que rola y eplota// traigan lo papele de colmado y d macota // nosotro fumamo too pa q divareee la nota/ hombre con lo sere rebotan como pelota/ la mente vuela lejo cuando el humo flota/ mojen to la nota de la verde cuando asota/ pero brilla amarillo cuando bota//…” (SIC) Y sigue.
En un diapasón semejante, pero enfocada en un diálogo con la mujer, está otra pieza prohibida: “Vagabunda”, de Shellow Shalk. Algunas palabras son de la jerga urbana, tales como tiguerona que alude a la mujer guaposa, hábil, seductora, y ripio, nombre que se aplica al pene.
Algunas partes del texto dicen: Tu siempre anda atra de mi xk yo ando con la funda/Vagabunda/ Tú prívate en tiguerona y no contaba con mi astucia/ Vagabunda/ Teiba a compra pelo postizo pero te pusiste bruta/ Vagabunda/ Te vua arranca lo pelo el culo a pesuñazo zorra puta/ (…) / En loquera to lo día yo siempre meto la pata/ Le di a mireya a juanita la más bella/ Y x grande que tengo el ripio me ponen querella// (SIC)
Una parte de las canciones de Calle 13 poseen una lírica distinta y, en algunas canciones, poética. Entre “las prohibidas” se halla “Beso de desayuno”. Un fragmento dice:
Yo quiero caminar por encima de tu pelo/ Hasta llegar a tu ombligo de tu oreja/ y recitarte un poquito de cosquillas/ y regalarte una sabana de almejas// darte un beso de desayuno/ para irnos volando hasta Neptuno/ si hace frío te caliento con una sopa de amapolas// y con un fricase de acerolas(X2)/ Tu eres un panal de dulces/ Fruta fresca//Tu tienes una mirada demasiao pintoresca/ una mirada color infinito// tu me pones el estomago blandito/ vamos pasito a pasito, siguiendonos las huellas//caminando en una tombola de estrellas.
Como Calle 13 tiene un concierto en pocas semanas, la afluencia dirá cuánto de popularidad han perdido o ganado este u otros grupos colocados en la mira de la Comisión de Espectáculos.
“Es absurdo pensar que porque prohíban ciertas canciones las personas van a dejar de escucharlas. Al contrario, estas acciones generan más intriga e interés por conocer las canciones de Calle 13 y su contenido”, dijo a SEMlac Altair Rodríguez, joven investigadora, activista social y lideresa.
“Muchos podemos cuestionar el uso de palabras y expresiones ‘vulgares’ o que buscan llamar la atención; sin embargo, no hay duda de que este grupo cuestiona el abuso de poder y llama a la reflexión y a la acción”, comentó.
La joven consideró que ese grupo de músicos, caracterizado no sólo por “llamar la atención”, sino por incentivar la crítica, rompe estereotipos, tabúes, desigualdad y desinformaciones. De momo que, “quienes no quieren que sus letras se escuchen (probablemente por el miedo que causa tener una juventud crítica) no hacen más fomentar que se conozca el verdadero mensaje de Calle 13 más allá de las palabras burdas”, sostuvo.
En cambio, Juan Pablo Ramírez, estudiante de Comunicación en una Universidad Católica, aprueba la medida, pues considera que “los canales, emisoras y medios de comunicación en general deben cuidar los contenidos que divulgan”, precisa.
“Me gusta la música de Calle 13. Me atrae el ritmo de sus temas y, con respecto a la letra, la considero atrevida, sin rodeos, y a su vez muy propia. Los demás artistas y agrupaciones que la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía prohibió difundir no me gustan”, explicó a SEMlac.
“Considero que la acción de la Comisión es apropiada. Me avergüenza e indigna la ‘música de barrio’. Pienso que transmite estereotipos irreales e incita a la violencia, al consumo de drogas, proyecta a la mujer como un simple objeto, y no promueve ni enaltece el trabajo digno”, remarcó Ramírez.
Procedencia de la información:
SEMLAC – Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y el Caribe
República Dominicana: Censura musical encrespa los ánimos
Calendula
calendula@yosoymadresoltera.com


las madres soltera se merecen una ayuda por parte del gobierno, ya que la ayuda no sale de su bolsillo sino sino de los impuesto que pagamos cada uno de los dominicano.
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