“Eso de que los hombres no están preparados biológicamente para criar a un niño es un cuento chino. Lo único que no podemos hacer es parir y amamantar”.

El Centro Internacional Trabajo y Familia, del IESE Business School, realizó un estudio, en el año 2003, con una muestra de 10.000 personas. Preguntaron a padres e hijos cómo influía el trabajo en su relación.

Los menores confesaron que preferían tener una madre que trabajase fuera de casa porque eso suponía más ingresos para la familia, mientras que los progenitores respondieron que la principal causa de conflicto familiar es la jornada de trabajo. Ellas se quejaban de que la conciliación doméstico-familiar es inexistente y apuntaron que la solución pasa por una mayor implicación paterna.

“La relación con la madre es insustituible, pero tenemos que aprender a delegar en los hombres. No somos superheroínas”, aconseja la directora del Centro Internacional Trabajo y Familia, Nuria Chinchilla. “¿Qué lo hacen peor al principio? Ya aprenderán”, dice con condescendencia.

El catedrático de Psicología Evolutiva de la Universidad de Sevilla, Jesús Palacio, apoya su postura: “Eso de que los hombres no están preparados biológicamente para criar a un niño es un cuento chino. Lo único que no podemos hacer es parir y amamantar”.

Recuerda que los niños pueden desarrollarse adecuadamente en circunstancias muy diversas. “Los bebés necesitan mucha estabilidad durante los primeros seis meses. Lo más importante es que crezcan en una familia. No importa de qué tipo sea: una madre sola, un hogar en el que ninguno trabaja o una pareja en la que los dos están empleados y se turnan en los cuidados. Solo necesitan personas estables para crear un vínculo de apego”, explica Palacio.

Este experto defiende que la implicación del padre en la crianza no solo contribuye a que el bebé se acostumbre a su presencia, sino que también pone en alerta al organismo masculino. Pone un ejemplo: “Muchos hombres insisten en que no son capaces de despertarse con el llanto del niño. Eso no es cierto. En cuanto el padre asume la tarea de levantarse a darle el biberón, los mecanismos neuronales se activan. Nuestro cuerpo evoluciona según las condiciones a las que lo sometamos y nos permite asumir cualquier tarea”. Y advierte al resto de los padres: “Nosotros nos lo perdemos si no lo hacemos”.

Procedencia de la información:
El País
Adiós a la culpabilidad de la madre trabajadora

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Adios/culpabilidad/madre/trabajadora/elpepusoc/20110808elpepisoc_1/Tes

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