MASTURBACIÓN URBANA
Masturbación urbana
Escrito por Lilia Ramírez
Publicado en Revista Pantagruélica
Lunes 05 de abril de 2010
Cada vez que pronuncio masturbación en público por alguna “extraña” razón capto la atención de los presentes, y para ser sincera, creo que lo hago sabiendo que así será y que esta reacción se mantendrá al menos por un par de años más.
La masturbación femenina, como lo comentaba en un artículo anterior, es una práctica común que se realiza cada vez, por más mujeres, mismas que agradecen las bondades de la madre naturaleza por el placer otorgado.
Masturbarse, de vez en vez sin ser “pillado” como dicen los españoles, no es tarea fácil, creo y así estoy segura que en más de una ocasión alguno de nuestros amigos sobre todo varones habría relatado tal odisea.
La masturbación urbana es más común de lo que nos imaginamos, ya que hacerlo en la cama, solos y viendo la televisión es parte de la cotidianidad, y con mayor frecuencia si vives solo o si tu pareja trabaja a altas horas de la noche.
Estos apetitos carnales, más que arrebatos, son una necesidad, como el dormir o el comer, desafortunadamente los prejuicios morales nos han puesto un cinturón de castidad en la mente para evitar tales prácticas.
Pero de nada sirve, ya que masturbarnos es un placer individual que nos pertenece por el simple hecho de querer explorar nuestro cuerpo, con un afán erotizado que nos mantiene vivos y con mejor ritmo cardíaco.
Cuando nos masturbamos, debajo de las sábanas a una sola mano, y sin ningún amante al lado, es para mantener ese dejo de complicidad con nosotros mismo, sabernos dueños de la situación y de nuestro cuerpo.
Hacerlo por la noche, o en el baño de la oficina asalta esa emoción de desafío a la autoridad; salir húmedos y acalorados después de lavarnos las manos con esos jabones que emiten solo espuma, es como un triunfo de batallas internas y contra atavismos.
Si hacemos un recuento de los años en los que la masturbación se ha mantenido a raya, por las razones antes expuestas, entonces daremos cuenta que nuestras luchas internas han sido muy dolorosas y a veces con un matiz de culpa.
Por eso cuando nos tocamos y nos estimulamos, ya sea con o sin juguetes sexuales, estamos rompiendo con esa candencia que nos había mantenido a la deriva de los que asumen culpas ajenas.
El juguete erótico es una herramienta que nos facilita el proceso, los hay de todos tamaños, colores e incluso sabores, los costos son altos, los más económicos no rebasan los diez dólares.
Hay incluso juguetes que estimulan el clítoris a control remoto, tendiendo como receptor una prenda íntima que vibra en distintas intensidades. Tomar el control de nuestro placer a través de un “click” es lo mejor que nos puede pasar. Nosotras decimos cuanto y en dónde.
Pero además de ser contemporáneos estos juguetes son un buen aliado para los juegos sexuales de las parejas que les gusta sentir más placer y hacerlo juntos, intensificar la llama de la pasión con una inversión económica que nos puede durar varios años. Vienen en su cajita y están elaborados por material quirúrgico.
La masturbación urbana, se da siempre, en cualquier parte, en la cama, en la casa del vecino, en el baño de la oficina incluso en la bodega del archivo muerto, hacerlo no constituye un delito, negarse como persona sexuada sí.
(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)

