Marina Subirats, socióloga y teórica feminista, ha concedido una entrevista sobre los movimientos juveniles en el contexto social de “indignación” que se vive actualmente. La coeducación, la igualdad entre hombres y mujeres o el estudio sobre las desigualdades son algunos de los campos en los que esta socióloga ha trabajado profundamente.

De esta entrevista entresacamos, para información de las madres solteras, los párrafos relativos a la educación de los hijos, la revolución masculina, las mujeres y el poder, la discriminación positiva de la mujer…

Marina Subirats.
Marina Subirats.

Padre y madre van teniendo roles similares, especialmente en casa ¿Cree que aún se educa a los niños y niñas de forma diferente según su sexo?
Sí. En la escuela y en casa. La educación no se recibe a través de lo que te dicen que debes hacer sino a través de lo que ves. Y todos los estudios que tenemos nos demuestran que el papel de hombres y mujeres en el mundo doméstico no es aún igualitario. Hay familias en las que ya hay una parte de trabajo compartido importante, pero son muy pocas; solo lo hacen cerca de un 12% los hogares. En la otra mayoría de casos, quien asume las tareas domésticas son las mujeres. Por tanto, los ejemplos que ven las criaturas son aún de roles diferenciados.

¿Con visos de ir cambiando?
Muy lentamente. En las parejas jóvenes, generalmente, cuando nace la criatura cada uno vuelve a asumir sus roles tradicionales. Y entonces la carrera de las mujeres queda frenada.

¿La igualdad de hombres y mujeres es una utopía?
A ver… Hemos hecho mucho camino porque en la generación de mis padres, por ejemplo, las mujeres no podían casi ni trabajar fuera de casa. Nosotras hemos podido cambiar y adaptarnos a una vida más moderna, pero los hombres tienen miedo porque piensan que si dejan su papel perderán poder. Y la sociedad tiene mucho miedo a que los hombres no sean suficientemente hombres. Cuesta mucho el cambio de la masculinidad, el de la feminidad ha cambiado muy deprisa. La masculinidad va unida al poder y ofrece más resistencia. Que quede claro que estoy  hablando de modelos culturales. Después hay hombres que han evolucionado muchísimo y mujeres que no.

Dice que hace falta una revolución masculina ¿Cómo se hace?
Son ellos los que la tienen que hacer. Nosotras les podemos enseñar el camino porque ya hemos hecho la nuestra. De hecho, hay bastantes hombres que están en la línea de las nuevas masculinidades porque la tradicional tiene muchos inconvenientes y está en crisis. Por tanto, deben ser los hombres los que reconsideren su masculinidad. Nosotras podemos ayudarles a hacer el diagnóstico. Pero, igual que nosotras al inicio del feminismo no queríamos hombres que nos vinieran a explicar qué nos pasaba, entiendo que ahora son los hombres los que deben decidir qué quieren conservar y qué no del estereotipo tradicional.

¿Podríamos decir que en el ámbito del poder las mujeres están pero no cuentan?
Claro. El juego del poder ha sido durante tantos milenios un juego entre hombres que se lo hacen entre ellos, no cuentan con las mujeres. Ellos cuentan con las mujeres para otras cosas, como por ejemplo formar una familia. Raramente una mujer, a no ser que sea muy agresiva, es considerada como una competidora para los hombres. Yo he estado siete años en el Ajuntament de regidora y he explicado muchas veces, no como una crítica a mis compañeros sino como una descripción de la situación, que cuando hay un pique es entre ellos. A las mujeres nos ignoran y no es por mala voluntad, es que no somos relevantes.

Es más complicada esta igualdad en el ámbito profesional…
Sí porque no están acostumbrados, porque las normas entre hombres son las habituales. Lo que se considera propio de las organizaciones es lo jerárquico y las mujeres tendimos a trabajar más en equipo, a discutir las cosas, a dar la razón a quien la tenga… Yo en el Ajuntament me encontraba con que la gente tomaba decisiones sin consultármelo porque como yo no era de las que decía “te cortaré la cabeza”… Entonces, de tanto en tanto debía decir “te cortaré la cabeza” porque si no resultaba que me arrebataban mis funciones.

Entonces ¿Hay que imitar a los hombres?
En este sentido hay que imitar a los hombres, sí. No hay otra alternativa.

¿Está a favor de la discriminación positiva hacia la mujer?
Sí, cuando hace falta. No siempre. La discriminación positiva incluye muchas cosas que no se dice. Por ejemplo, cuando en un partido se elabora una lista para ir a las elecciones no se dice “escogeremos a los mejores” sino que se dice “debe haber uno de Tarragona, un médico, un abogado…” y después también se decide que debe haber mujeres. Pero ya ha habido cuotas antes, cuotas pactadas. Es algo normal porque los partidos deben representar una pluralidad de intereses. Las mujeres estábamos excluidas y en este caso se ha tenido que forzar. El día que de manera espontánea ya no se conciba que haya una lista sin mujeres, ya no hará falta la discriminación positiva.

¿No es una actitud paternalista?
En absoluto, si se debe ganar a bofetadas me parece una mala manera. Pero hay que olvidar la idea darwinista de “la vida es lucha”. En estos momentos de la civilización, lo que hay que decir es “la vida es cooperación” y solo así saldremos adelante. Las cuotas no han sido por ningún elemento paternalista, han sido porque las mujeres hemos luchado y las hemos impuesto.

Procedencia de la información:
La Vanguardia
Marina Subirats: “Las formas del Parlament también son violentas a veces”

Calendula
calendula@yosoymadresoltera.com