Existen al menos dos maneras de matar el amor de pareja: la indiferencia y la decepción. Ambas son dolorosas y conducen al desamor y la ruptura, a menos que, alertados, nos esforcemos por combatirlas.

Una es pausada y a fuego lento

“La muerte lenta del amor ocurre con la indiferencia, que es el principal enemigo del amor. El desinterés por el otro desvincula e incapacita. El amor expira en la reiterada mirada ausente, en la caricia que no llega.

Casi siempre, la indiferencia de la otra persona duele más que un insulto o que un golpe. El abandono siempre conlleva un aire fantasmal: la negación del ser amado, la reducción a la condición de cosa del otro. A la larga la indiferencia mata al amor.”

Amor - desamor.

Amor - desamor.

La otra ocurre de manera rápida (en minutos, días o tal vez semanas)

La muerte del amor también sobreviene cuando hay decepción y desilusión.

“Algunos desengaños son esenciales y destruyen toda forma de admiración, que es una de las puertas de entrada al amor. Es imposible amar a quien no se admira. Se puede admirar sin amar, es verdad, pero lo opuesto sólo se concibe desde la enfermedad.

Cuando tiene lugar la decepción esencial, se produce un crac profundo e indescriptible: algo se rompe y, muy a nuestro pesar, no tiene arreglo. Aquello que era una porcelana impecable y bella, ahora queda reducido a una pieza maltrecha, como una colcha hecha de retazos.

La desilusión es un soplo destructivo, una oscura onda de expansión devastadora. Muy pocas veces podemos anticiparla; sólo sabemos de su existencia cuando acontece, en el momento preciso en que nos deja el amor.

Lo curioso es que, a pesar de la abrumadora evidencia en contra, algunos optimistas a ultranza colocan el amor difunto en cuidados intensivos y encienden velas esperando el milagro de una resurrección que nunca llega.”

De nosotros depende mantener vivo el amor y defenderlo de sus detractores.

Procedencia de la información:
Revista Cuerpo Mente nº 20
Artículo: Lo que mata al amor
Autor: Walter Riso, psicólogo

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