LA TENDENCIA A LA INFIDELIDAD. ¿Somos en realidad monógamos?
A pesar de que nuestros instintos biológicos tienden a la promiscuidad para asegurar la perpetuación de la especie, el ser humano suele optar por la monogamia.
Barash y Lipton, autores del libro Extraños compañeros de cama: la sorprendente conexión entre sexo, evolución y monogamia, explican que “pese a que nuestra biología hace que la monogamia sea una opción algo difícil de mantener, eso no significa que no sea deseable o posible”.
Cuando hablan de monogamia en la naturaleza, se refieren a especies en que el cuidado de las crías es básico para su supervivencia. Por ejemplo, “los pájaros son más proclives a vivir en pareja porque los polluelos, durante el tiempo en que son incubados, son muy vulnerables y requieren de muchos cuidados parentales”.
Ahora bien, ¿qué opinión les merecen a Barash y Lipton las unidades familiares formadas por un solo progenitor, cuando se trata de pájaros? Algo similar al mundo de los humanos, en que una madre soltera o un padre soltero se hace cargo de todo. Su respuesta es tajante: “Es muy difícil ser una madre o un padre solteros cuando la descendencia requiere tanta atención… Entonces es necesaria la colaboración de los dos.” Y agregan: “A pesar de este acuerdo, en la inmensa mayoría de las especies esta protección de la descendencia es una tarea típicamente femenina. Entre los humanos, sin embargo, también los hombres protegen a sus crías”.
Los seres humanos nacemos totalmente indefensos y somos dependientes durante años. “Biológicamente, como todos los mamíferos recibimos el alimento de nuestra madre pero, además y de forma adicional, el cuidado por parte de nuestro padre nos ayuda física, emocional e, incluso, financieramente. La implicación masculina en la crianza ayuda a los hijos a desenvolverse mejor y, por tanto, contribuye al éxito evolutivo de nuestra especie”.
Recompensa biológica de la monogamia
Ser monógamo conlleva dos ventajas:
Primera: los individuos consiguen transmitir sus genes a las siguientes generaciones.
Segunda: dos individuos colaboran y obtienen beneficios de ello. “La crianza en pareja es una garantía para la supervivencia, y la cooperación entre individuos permite reemplazar la soledad y el aislamiento individual.” Otro beneficio biológico de la monogamia es que nos permite aprender a compartir y cooperar, lo cual repercute positivamente en nuestro estado de ánimo.
La tendencia humana es a vivir como monógamos. Y así se refleja en el cerebro: las neuronas espejo. Estas neuronas se activan cuando observamos a alguien llevando a cabo un comportamiento que después imitaremos para aprender. Esta habilidad para detectar y repetir las acciones de los demás podría estar en la base de la empatía, que es la capacidad de entender y simpatizar con los demás, “y podría servir para fomentar los lazos de unión a largo plazo, cimentando la monogamia”.
Finalmente, también destacaremos las hormonas del cariño, tales como “la oxitocina y la vasopresina, que están implicadas en el vínculo madre-hijo y también en las relaciones entre adultos. La oxitocina, por ejemplo, se produce durante el parto y, también, durante el orgasmo femenino.”
¿La biología nos aleja de la monogamia?
Al contrario, opinan Barash y Lipton; puede incluso promover los vínculos de pareja.
“En nuestra opinión, la característica básica humana –quizá lo que nos distingue del resto del mundo natural—es que, al menos en algunos aspectos, poseemos la habilidad de ir contra los impulsos genéticos de nuestra biología, y somos más humanos precisamente cuando hacemos esto. Al menos en los referente a la monogamia, la biología nos proporciona muchas herramientas para conseguirlo.”
Procedencia de la información:
Revista Mente Sana nº 55
Artículo: ¿Juntos para siempre?
Autores: David Barash, profesor de psicología evolutiva en la Universidad de Washington. Judith Eve Lipton, psiquiatra del Swedish Medical Center de Washington. Ambos son pareja.
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