Actualmente los orígenes de la prostitución están en la droga, las redes de explotación de inmigrantes o el desamparo de las sin papeles que por su cuenta, si tienen la suerte de no ser explotadas por proxenetas, tienen que ganarse la vida con lo único que no les han arrebatado: su cuerpo.

prostitucion-2

Se le ha llamado el oficio más antiguo del mundo porque desde que se tiene memoria ha habido quienes han recurrido al dinero para satisfacer sus deseos sexuales y quienes se han dedicado a satisfacerlos a cambio de dinero. El proletariado de este oficio, que es la mayoría de quienes lo ejercen, lo ha hecho siempre por extrema necesidad y en condiciones penosas. Había en la Grecia clásica cortesanas famosas por su pericia en las artes del amor y la conversación; y hay hoy prostitutas de alto nivel de vida, elegantísima apariencia y selecta clientela. Pero la realidad de la mayoría ha tenido y tiene más que ver con todas las formas de marginación y explotación que a lo largo de la historia se han cebado con las mujeres.

Madres solteras echadas de sus casas, criadas despedidas tras ser preñadas por sus señores, la necesidad extrema de mujeres maltratadas por la vida, la injusticia, el machismo y los prejuicios: ésos eran los antiguos banderines de enganche. Hoy lo son la droga, las redes de explotación de inmigrantes o el desamparo de las sin papeles que por su cuenta, si tienen la suerte de no ser explotadas por proxenetas, tienen que ganarse la vida con lo único que no les han arrebatado: su cuerpo. Es un triste oficio que en la mayor parte de los casos humilla a quien lo ejerce y siempre degrada a sus clientes, sabedores de que se están aprovechando de la indefensión de un ser humano que actúa bajo la coacción de sus explotadores o de la necesidad.

Quien recuerde a las prematuramente envejecidas putas de babuchas de paño y calcetines tobilleros de los alrededores de la Encarnación, como la que paraba en la puerta de la Casa de los Artistas y trabajaba hasta embarazada, o el triste espectáculo de los cuerpos ajados que se ofrecían en las puertas de las calles que rodeaban a la Europa, quedó vacunado contra toda tentación idealizadora. Una de las páginas más repugnantes de los diarios de Pierre Louys es su visita a un prostíbulo sevillano en el que le ofrecen a una jovencísima mujer en avanzado estado de gestación.

Las cosas han cambiado sólo relativamente. La inmigración ha creado otros infiernos de explotación forzada o inducida. Los chaperos de Plaza de Armas, las prostitutas africanas o del Este de los polígonos industriales y los puticlubs son una triste realidad que debe reprimirse puntualmente, como se ha hecho por el bien de los vecinos, policialmente. Pero que sólo puede combatirse socialmente. Porque está claro que la prostitución callejera se multiplica en la misma proporción en que lo hace la marginación y explotación de los más indefensos.

Procedencia de la información:

Diario de Sevilla
Contra las raíces de la prostitución

Calendula
calendula@yosoymadresoltera.com