Una pregunta habitual en los adolescentes es la siguiente:

¿Qué hago si, como chico o chica, me siento presionado y estoy indeciso?

Cuando decimos “la primera vez”, nos referimos a la primera relación sexual con penetración. Antes, pueden haber existido tocamientos, caricias, abrazos, besos, masturbaciones mutuas, etc.

La primera vez.

La primera vez.

Los primeros juegos amorosos nos aproximan a las sensaciones y al placer de la otra persona. Aprendemos a conocer qué le gusta y qué no le gusta, al tiempo que descubrimos nuestro propio cuerpo y nuestras zonas de placer. Es recomendable experimentar, lentamente, con la emoción y la excitación, en especial “la primera vez”.

Los prolegómenos o pasos preparatorios que preceden a una primera relación sexual pueden durar semanas o meses, y tenerse con una o más personas, hasta que llega la situación ideal. Cuando el adolescente o joven esté preparado, debe también prepararse para protegerse del embarazo y de las enfermedades de transmisión sexual. La falta de utilización de métodos anticonceptivos conduce al aumento de  abortos y de madres solteras adolescentes y a la propagación del sida.

Es un error pensar que sin coito no existe riesgo de contagio de enfermedades. Mediante el sexo oral o la penetración anal puede haber contagio si uno de los dos es portado del VIH (virus de inmunodeficiencia humana), es decir, está “infectado”.

Volvamos a los “primeros juegos amorosos”. Estos no son propios y exclusivos de la primera vez. Para una buena relación afectiva y sexual con la pareja, los juegos deberían preceder, normalmente, al coito, a cualquier edad: son satisfactorios, preparan para el orgasmo, conducen al clímax de los dos, y en la mujer son enormemente deseados.

El coito no debe ser el único fin de un contacto sexual, lo mismo en adolescentes que en adultos. Existen muchas maneras de compenetrarse y disfrutar con la otra persona.

Descubrir el placer de la pareja es amarla.