El placer de darse placer.

El placer de darse placer.

Este artículo no va dedicado en exclusiva a las madres solteras. Al igual que otros temas tratados en el portal, se intenta despertar sentimientos, tomar conciencia y hacer frente a las dificultades desde el punto de vista de las mujeres.

Creencias sobre la masturbación

Muchos creen que sólo se masturban las mujeres solteras. Otras personas dicen no saber si las mujeres se masturban, porque ellas nunca lo han hecho. Otros piensan que la mujer que se toca es una suciedad. Unas pocas mujeres comentan alguna vez, en confianza, que se acarician y tienen orgasmos placenteros. Las madres no acostumbran a hablar de masturbación a sus hijas. Cuando la mujer se casa, se entiende que su pareja le dará satisfacción sexual y no tendrá necesidad de autocomplacerse; incluso podría molestar a su pareja si ésta se enterara. Unas pocas personas creen que la masturbación femenina es propia de adolescentes y jóvenes, pero no de mujeres adultas, y mucho menos si están en la menopausia, porque a cierta edad “desaparece el deseo sexual y, además, da un poco de asco imaginar que una mujer mayor aún esté pensando en esas porquerías”.

Estas son las creencias en las cuales nos hemos educado y aún nos educamos la mayoría de mujeres. Las creencias no tienen ningún fundamento científico ni ético, son costumbres, un sentimiento generalizado que atenaza la propia libertad.

Una prohibición que permanece

La masturbación femenina es uno de los mayores tabúes de la sociedad. Existe, pero no se habla de ella. Las mujeres nos podemos contar todo, excepto este aspecto cualitativo de nuestra feminidad.

El proceso de castración mental de la mujer viene de antiguo. Con el matrimonio, la maternidad y la fidelidad al marido, se han puesto mil barreras a su desarrollo normal y completo. Sólo la mujer adúltera y la mujer pública aparecen censuradas en la Biblia. Sólo la mujer adúltera puede morir actualmente a pedradas en algunos países. La mujer tiene mucho lastre en su piel. Mucha roña. Mucha mierda pegada de los otros. Va siendo hora de que nos despojemos de esta carga inhumana de sumisión, represión y tortura.

No nos vamos a comparar con nadie

Desnúdate, sitúate ante un espejo en que puedas verte por entero y observa tu cuerpo. Es tuyo y bello. No le busques mil defectos. No vale la pena. Con tu cuerpo has nacido y con él tienes que convivir. Tú sin él no existirías. ¡Cómo no lo vas a amar! Si aún dudas, si te sientes incómoda con tu aspecto, puedes cerrar los ojos.

Con los ojos cerrados, imagina que tu cuerpo es muy bello. Respira hondo varias veces. El sentido de la vista por el momento permanece aparcado. Acaricia tu pelo. Acaricia tu cara. Los labios, los ojos. No tengas prisa. Introduce los dedos en la boca y no dejes de descubrir tu suavidad. Traslada las caricias a los brazos, a los dedos de las manos, uno a uno, dándoles un tironcito; así los descargas de la tensión acumulada. Baja hasta los senos. Si te sientes culpable al tocarlos, es que estás removiendo la represión que te han inculcado. No hagas caso a estas voces enfermas, histéricas, roedoras. Deja que se marchen. ¿Cuándo se van a marchar? Cuando acaricies tus senos y sólo escuches su mensaje más sensual. Los pechos duermen contigo y te acompañan al trabajo. Ellos te desean tanto como tú los vas a desear cuando descubras que, con un solo roce, te ponen en contacto con tu sexo.

Después baja hasta el vientre. Es un placer de diosas acariciarse el vientre, en círculos, disfrutando de la calidez de la piel. Ahí está el llamado claustro materno. Cada parte de tu cuerpo te hará sentir algo diferente. Después acaricia tu sexo, con suavidad, como si no quisieras. Sigue por los muslos, la parte interior, la parte externa, las nalgas, baja por las rodillas hasta las piernas. Si tienes cerca una cama, siéntate en ella, con las piernas cruzadas, y toca tus pies. Sentirás como lo agradecen. Escucha su voz. Tienen mil puntos sensitivos. Cada vez te sentirás mejor. Tu cuerpo y tu mente estarán juntos, como si estuvieran abrazados, amándose. En este momento tomarás conciencia del lenguaje de tu cuerpo. Tú y él estaréis juntos, muy juntos, en un acto de amor.

Así de sencillo es aprender a sentirse una misma. Descubrir tu ser con tanta emoción como si fuera una persona de quién estás enamorada. Otro día prueba a indagar en tus genitales, primero por fuera, después por dentro, pero nunca olvides que existen distintos puntos de placer que te acompañarán en conseguir tu orgasmo.

Cuando te conozcas bien, podrás hacer lo que quieras. Si tienes una nueva pareja, quizás no necesites masturbarte. Eso depende de cada persona. No cierres ninguna de tus puertas. Si eres madre soltera y, aunque desearas tener pareja no la tengas, permítete estos momentos de intimidad contigo misma. Busca un lugar tranquilo. Un momento para ti. Si nadie te da placer, dátelo tú misma. Entretanto no aparezca tu pareja deseada, no pierdas el tiempo lamentándote. Disfruta con tu cuerpo.