GURABO (PUERTO RICO). Una madre prefiere ver preso a su hijo antes de que lo maten
Por primera vez en mucho tiempo, Brenda Olmedo pudo dormir tranquila. Y lo hizo después de tomar una de las decisiones más difíciles de su vida: entregar a su hijo de 15 años a las autoridades para que lo ingresaran a la cárcel.

En la foto se ve la entrada de la casa tiroteda.
Era eso o seguir esperando que un día la llamaran para decirle que lo habían matado.
“Más vale un dolor de brazo, que un dolor de corazón… Ahora me siento con tranquilidad. Pude dormir bien por primera vez en mucho tiempo, sin miedo de que me lo maten. Oía petardos y pensaba: ‘Me lo mataron’”, dijo llorando Olmedo.
Esta madre soltera de seis hijos fue víctima el pasado 26 de diciembre, a eso de las 11:00 de la noche, de un tiroteo a su humilde casa, hecha mayormente en cartón prensado, en Estancias de Hato Nuevo, en Gurabo, mejor conocido como el sector Fema.
Buscaban asesinar a “Raelo”, como le dicen a su hijo.
Olmedo, a quien apodan “Vicky”, relató que esa noche estaba en la sala de su casa orando y se acostó con su hija y su nieta, de un añito. El resto de sus cinco hijos, que van desde los 11 hasta los 20 años, se quedaron en la sala viendo televisión. Raelo estaba en la calle.
“De momento, empiezo a orar y no podía parar. Ahí oigo el tra tra tra. Estaban tiroteando la casa. Todos corrimos, pero el mayor se paralizó, se quedó sentado en el sofá, tapándose la cara. Cuando empiezo a gritar que voy a llamar a la Policía, fue que se fueron. Al de 13 años y al de 11 les rozó pólvora por los brazos”, narró Olmedo, que se gana la vida limpiando casas.
En un momento dado, pensó que había sido su propio hijo el que tiroteó, porque el día antes un vecino la llamó para decirle que Raelo y otro joven estaban forzando el portón de su casa. Ella fue a buscarlo, y el menor estaba “tomado y empericao”. Confesó que le dio una tunda. Estaba desesperada.
Luego supo que el tiroteo a su casa fue ejecutado por otros, porque aparentemente su hijo les robó un arma. El objetivo era matar al adolescente.
“Mis hijos me pedían que lo encerrara porque se pasa robando y ya hasta me daba vergüenza con los vecinos, pero una vez lo encerré en el cuarto y rompió las ventanas. Temo por la seguridad de él, de mis otros hijos. Le doy gracias a Dios que ninguno salió herido”, destacó Olmedo, con un taco en la garganta.
Al rato de que terminaran los tiros, salió a buscar a “Chucky”, como también le dicen a su hijo en alusión al muñeco asesino de la película Child’s Play, y le mostró los boquetes que dejaron las balas en las paredes, puertas, ventanas y en el auto. Le recriminó: “mira lo mucho que tú quieres a tu familia” y le dijo que iba a llevarlo a casa de un familiar para “guardarlo”.
Allí, a espaldas de él, llamó a la Policía porque el adolescente tenía una orden de arresto en su contra por un escalamiento en casa de una vecina.
“Lo fueron a buscar por la mañana (martes, 27 de diciembre). Yo lo coordiné todo. Cuando lo buscaron, él me empezó a maldecir y decirme: ‘Tú siempre me engañas, so embustera’, y yo le dije: ‘Para que te maten, te vas preso’”, dijo Olmedo.
“No lo pensé dos veces y no me arrepiento”, agregó.
Mientras hablaba con Primera Hora, Raelo la llamó desde la institución juvenil. Ese día, 28 de diciembre, cumplía sus 15 años.
“Me pregunta por su gorra y una cadena. Le dije que no sé dónde están. Le dije que quien hizo las cosas mal fue él, no yo. Que puso en peligro a sus hermanos. Me preguntó que por qué estaba preso, le dije que había una orden de arresto por escalamiento. Me preguntó si lo podía perdonar, y le dije que lo perdoné, pero eso no significa que le ría las gracias. Me dijo que me ama, y le contesté: ‘Por lo mucho que te amo es que estoy haciendo esto’”, indicó frustrada.
Agregó que “estoy cansá de esta situación” y que “está descontrolado”. Ha buscado ayuda, pero ha sido infructuoso.
La mujer destacó que, desde que su hijo tenía tres años, es paciente psiquiátrico. Dijo que tiene déficit de atención, conducta desafiante y es esquizofrénico. Necesita tomar medicamentos, pero no hay forma de que se los tome y la condición se agrava por el uso de sustancias controladas.
Cuando toma sus medicinas, “deja de ser Chucky y es bien tranquilo”. Recordó que la situación comenzó a agravarse el día en que su madre, la abuela del jovencito falleció cuando él tenía 11 años. Coincidió, además, con la separación de Olmedo del padre de sus dos hijos menores, que era su figura paterna. A esa edad se hizo su primer tatuaje, un pez chino en una de sus piernas.
No quería hacerlo, pero tuvo que tomar la decisión de entregarlo porque esperaba por alguna señal que le diera la valentía para actuar, y los disparos del lunes fueron esa señal.
“Cuando veo mi casa, le pedía ayuda a Dios de que pasara algo para que llegara la ayuda. Le dije: ‘Gracias Dios porque me guardaste a mis hijos, pero éste es el momento para que me ayuden con mi hijo, que le den la ayuda que necesita. Alguien se tiene que apiadar. Esto es un infierno’”, añadió Olmedo, quien dijo que Raelo se pasaba robando.
“El nene necesita mucha ayuda psiquiátrica. Bueno o malo, es mi hijo. Ingresarlo en un lugar adecuado. La cárcel no es lo mejor. Se va a poner más rebelde, pero no lo voy a tener en mi casa. Lo quiero y lo amo, pero no quiero ponernos a riesgo”, reiteró Olmedo, quien alegó que, apenas dos semanas antes del incidente, acudió al Departamento de la Familia en Gurabo y le dijeron que no podían ayudarla por falta de personal.
“Es mi responsabilidad, no del Gobierno, pero necesito ayuda”, reconoció.
Aún espera por la asistencia, pero está más tranquila.
Procedencia de la información:
Primera Hora
Tranquila madre que prefiere ver preso a su hijo antes de que lo maten


