“La justicia no existe. Nunca ha existido y jamás existirá. Simplemente el mundo no ha sido organizado de esta manera. El sistema legal promete justicia. La gente exige justicia y hay personas que incluso trabajan para que así sea… Pero generalmente no sucede. Los que tienen dinero no son condenados. Los pobres y los miembros de grupos minoritarios se pudren en las cárceles esperando la vista de su causa, esperando una oportunidad. Para los poderosos e influyentes hay reglamentos especiales aunque las autoridades lo nieguen empecinadamente” (Wayne W. Dyer, especializado en temas de autoayuda).

 

 

 

La sed de justicia se infiltra en las relaciones personales

El profesor Dyer afirma: “El conocido lema ‘¡No es justo!’ es una de las quejas más comunes (y destructivas). Para poder considerar que algo es injusto tienes que compararte con otro individuo”.

Y concluye: “Si te sientes perturbado porque no puedes hacer algo que otra gente puede hacer o ha hecho, es porque has dejado que sean ellos los que te controlen”.

Amigas, aquí está la clave: cuando nos comparamos con otras mujeres, les damos un protagonismo y un poder sobre nosotras que no somos ni capaces de imaginar. Aquí está la trampa: no nos damos cuenta de que damos más valor a lo que son, o tienen, o aparentan otras mujeres, antes que lo que somos o tenemos o aparentamos nosotras mismas.

El profesor Dyer insiste mucho en que no dejemos que otras personas controlen nuestros sentimientos (aunque estas personas desconozcan lo que pasa en nuestro interior: celos, sentimiento de derrota, desmotivación, crueldad contra nosotras mismas y nuestros hijos…).

Ya va siendo hora que las madres solteras y las mujeres en general actuemos según nuestros propios criterios, según nuestra conciencia, según nuestro modo de pensar, y apartemos de nuestra mente los pensamientos que no permiten que nos desarrollemos según nuestras cualidades naturales. ¡Que las tenemos y son muchas!

Judy lleva cinco años de casada…

“Una de mis pacientes”, relata el profesor Dyer, “una joven muy atractiva llamada Judy, es un buen ejemplo de este tipo de pensamiento autodestructivo. Judy llevaba cinco años de casada y se quejaba de que no era feliz en su matrimonio. En una sesión de terapia de grupo, hizo una dramatización de una discusión conyugal. Cuando el joven que hacía de marido de Judy, que era agente de seguros, le dijo algo desagradable, Judy inmediatamente le contestó diciendo:

‘¿Por qué dices eso? Yo nunca de digo cosas así’.

Cuando él le mencionó a sus hijos, Judy dijo:

‘Eso no es justo. Yo nunca mezclo a los niños en nuestras discusiones’.

Cuando la interpretación de roles se dirigió hacia los proyectos de una salida nocturna, el razonamiento de Judy fue nuevamente:

‘Eso no es justo’. Tú sales siempre y yo me tengo que quedar en casa con los niños”.

Continúa el profesor Dyer, “Para Judy, su matrimonio debía funcionar según una lista de comparaciones. Todo tenía que ser parejo y justo. Si yo hago esto de esta manera, tú tienes que hacerlo igual. No es extraño que se sintiera herida y llena de rencor todo el tiempo, más preocupada por ajustar cuentas y reparar injusticias imaginarias que por examinar y quizá mejorar su vida conyugal”.

Así de categórico se expresa Dyer: “En vez de pensar en que las cosas son injustas, puedes decidir lo que realmente quieres, y ponerte a buscar los modos para lograrlo, independientemente de lo que el resto del mundo quiere o hace”.

Los celos y el amor: una demanda de justicia

Si los celos interfieren en tu vida y te producen inmovilidad emocional, lo que debes hacer es proponerte como meta eliminar este tipo de pensamiento inútil y perjudicial.

Los celos también son un modo de decir y exigir a alguien que te quiera de un modo concreto. Y dices “No es justo” cuando no lo hace. Esto proviene de la falta de confianza en ti misma. El comportamiento de la otra persona te provoca inestabilidad emocional.

Las mujeres, por citar un ejemplo, no podemos predecir cómo reaccionará la persona a la que amamos frente a otro ser humano.

Escribe Dyer: “Si un miembro de una pareja se enamora de un tercero, no es que sea ‘injusto’, simplemente es”.

“Un ejemplo perfecto nos lo proporciona una paciente mía que estaba furiosa porque su marido tenía una aventura. La obsesionaba el pensar por qué lo hacía. Se preguntaba constantemente: ‘¿En qué me he equivocado?’, ‘¿Qué me pasa?’, ‘¿No soy yo suficientemente buena para él?’ y toda una retahíla de preguntas llenas de dudas respecto a sí misma. Helen pensaba constantemente en la injusticia de la infidelidad de su marido. Pensó incluso en tener una aventura ella a su vez para equilibrar la balanza. Lloraba mucho y oscilaba entra la tristeza y la ira.

La equivocada manera de pensar de Helen, que la conduce a la infelicidad, reside en una demanda de justicia que abruma su relación. El estado emocional de Helen no va a mejorar hasta que ella decida que la decisión de su marido fue independiente de ella, y que él puede tener mil motivos particulares, y ninguno de ellos relacionados con Helen, para embarcarse en su aventura sexual. Quizá simplemente haya querido hacer algo distinto; quizá sintió amor por otra persona además de su mujer, o quizá quiso probar su virilidad o mantener a raya la vejez. Sea cual fuere el motivo, éste nada tiene que ver con Helen. Ella puede ver la aventura de su marido como algo que pasa entre dos personas y no como algo dirigido contra ella.”

Procedencia de la información: Tus zonas erróneas (RBA),
de Wayne W. Dyer.