Una reciente intervención quirúrgica en Barcelona para cambio de sexo en un menor ha levantado muchas opiniones. La operación se ha efectuado porque había el apoyo de los padres, la voluntad del menor y, lo que es imprescindible en la actualidad, una autorización judicial favorable a su transexualidad.

Durante mucho tiempo la transexualidad se ha vivido como algo marginal.

Durante mucho tiempo la transexualidad se ha vivido como algo marginal.

Los medios de comunicación han puesto sobre la mesa un problema que afecta a jóvenes que no se encuentran cómodos/cómodas con su cuerpo. Sin necesidad de llegar a la mayoría de edad, saben que su felicidad está en tener una identidad (hombre o mujer) distinta a la que se les dio al nacer y por la cual todos les reconocen.

Las madres solteras debemos debatir esa cuestión, informarnos, conocer los sentimientos de esas personas, para que no argumentemos desconocimiento si un hijo o hija nuestros, ya desde la infancia o la pubertad, manifiesta sentirse mujer u hombre, independientemente de sus características sexuales.

La transexualidad también afecta a las propias madres y a su rol en una familia con niños.

Mónica M., una psicóloga sevillana de 39 años, “está casada, tiene una hija de 17 años y hace dos se sometió a la cirugía de reasignación de sexo en el hospital Carlos Haya de Málaga. ‘Desde entonces toda mi vida ha mejorado. Al estar yo más feliz soy una emoción negativa menos en la casa y eso lo notamos todos’. Por su experiencia personal y por la profesional es una firme defensora del tratamiento temprano de la transexualidad, publica El País.

Antes “pensabas que eras homosexual y te escondías”, recuerda Mónica.

Atención psicológica y tratamiento para frenar la pubertad

“Alrededor del 10% de los pacientes que recibe la Unidad de Trastorno de Identidad de Género (UTIG) del hospital Carlos Haya es menor de edad. Este servicio (uno de los cinco similares que existen en la sanidad pública española) entró en funcionamiento hace 11 años y ha atendido a alrededor de 80 menores. La media tiene entre 14 y 15 años, por lo que mientras reciben la atención psicológica para confirmar su diagnóstico (que dura unos 18 meses), los jóvenes ya se acercan a los 16 años, la edad recomendada por la mayoría de los expertos para iniciar un tratamiento que frene la pubertad y el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, como la barba en los hombres y el pecho en las mujeres.

‘Frenar este desarrollo ahorra sufrimiento’, afirma Mar Cambrollé, coordinadora del Área Trans de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB). Cambrollé, presidenta de la Asociación de Transexuales de Andalucía, defiende que estos tratamientos, que son reversibles, se inicien antes de los 16 años si el diagnóstico es claro.”

La FELGTB defiende el derecho del menor a operarse si así lo desea, posee un estudio profesional que lo avale y el apoyo de su familia. Sostiene que el trámite judicial retrasa la operación quirúrgica y vulnera el derecho del menor/la menor.

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