CALMA Y PENUMBRA PARA QUE EL NIÑO DUERMA SIN PESADILLAS
No es conveniente acostumbrar al niño a dormir en condiciones artificiales de silencio absoluto.
Transcripción del artículo publicado por el digital El País con fecha 17 de octubre de 2010.
Calma y penumbra para dormir sin pesadillas
La hora de irse a la cama es un momento crucial para los niños. Francisco Xavier Méndez aconseja a los padres en su libro Miedos y temores en la infancia que adopten un ritual estricto a la hora de acostar al pequeño. El profesor de la Universidad de Murcia hace hincapié en la importancia de acondicionar una habitación lo más agradable posible para el niño, en la que se encuentre a gusto. “Conciliar el sueño implica pasar del estado de vigilia o alerta al de reposo. Para disminuir el grado de activación se retiran estímulos externos como la luminosidad. Si el niño protesta al apagarle la luz se reduce progresivamente la intensidad lumínica mediante un regulador eléctrico”. Otra posibilidad, señala, es “enchufar un pequeño piloto” que ilumine tenuemente la habitación y no resulte excitante.
En cuanto al ruido, “los ruidos elevados o cambios bruscos de volumen interfieren el sueño”. Gritos, timbrazos, o cláxones en la calle pueden sobresaltar al pequeño. Pero un silencio sepulcral puede ser también contraproducente. “Tampoco es conveniente acostumbrar al niño a dormir en condiciones artificiales de silencio absoluto, de modo que cualquier ruido insignificante le despierte. Por el contrario, sones familiares y débiles tranquilizan al niño, que se siente acompañado”.
Dentro de los rituales para preparar el sueño del niño hay un paso clave: evitar los juegos agitados y las imágenes excitantes. También los relatos inquietantes.
En tiempos menos concienciados sobre la necesidad de proteger a la infancia, abundaban los vecinos, tíos o primos que disfrutaban asustando al niño con historias de terror.
Hoy, en opinión de la psicóloga Paloma Méndez de Miguel, ese desagradecido papel lo interpreta la televisión. “Se emiten en formato de dibujos animados muchas series y películas que no son adecuadas para los niños. Las edades recomendadas (a partir de siete años, a partir de 13 años) tampoco son fiables. Por tanto, es necesario que los padres supervisen la programación y la información que les llega a sus hijos filtrándola”. Son muchas las series de dibujos que reproducen situaciones de violencia. El hecho de que una serie le guste al niño, añade Méndez, “no significa que esté preparado para verla”.
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