ALEMANIA. El estigma de la madre soltera
En el país de Angela Merkel la gente sin recursos recibe una paga mensual de 1.036 euros. A Jenny le llega para vivir, «pero no hay manera de encontrar trabajo. Para mí no hay futuro».
La imagen que conoce Europa y el resto del mundo de Alemania casi no admite discusión. El país es la primera potencia económica del Viejo Continente, respira riqueza por todas partes, tiene una tasa de paro de tan solo el 6,6%, el PIB volverá a crecer en torno a un 3% en 2011 y la mayoría de la población admite sin vergüenza que se siente satisfecha de los logros sociales y materiales alcanzados en los últimos 65 años.

«No poder trabajar me deprime, lloro y, a veces, sufro de complejo de inferioridad. Una se siente aislada del resto de la sociedad». Jenny y su hijo juegan en un parque después de haber almorzado en un comedor público.
El bienestar que impera en Alemania es el lado bonito del progreso, pero nadie quiere ocultar que las apariencias, a veces, también engañan. Como ocurre, por ejemplo, en Berlín, la vieja y recuperada capital, espejo del lado oscuro de este país. El alcalde de la ciudad, el famoso y simpático Klaus Wowereit, tiene el raro privilegio de haber conquistado el corazón de sus electores con dos frases antológicas. «Yo soy maricón y eso está muy bien», dijo hace diez años, poco antes de que su partido lo nombrara candidato al cargo que aun sigue ocupando. Y «Berlín es pobre, pero sexy», que confesó más tarde, cuando el alcalde socialdemócrata dio a conocer la triste realidad económica de una ciudad que atrae a millones de turistas cada año.
¿Berlín pobre, pero sexy?
La capital acumula una deuda de 60.000 millones de euros, registra una de las cifras de paro más altas del país (13,5%) y observa con impotencia cómo las principales industrias han abandonado en dos ocasiones la ciudad, la primera después de la construcción del Muro y la segunda después de su caída. Cuando el sector occidental de la ciudad dejó de recibir las subvenciones especiales, lo que le mantuvo con vida durante la Guerra Fría, desaparecieron 100.000 puestos de trabajo. Y los negocios ubicados en el sector oriental (comunista) fueron rematados a precios irrisorios.
Al mismo tiempo comenzó la frenética construcción de edificios oficiales, nació de la nada el complejo de la Postdamer Platz, la ciudad comenzó a recibir a la crema y nata de los políticos alemanes y, con ellos, una invasión de diplomáticos, periodistas y ‘lobistas’. Junto a ellos, numerosos artistas que llegaban desde todos los rincones del mundo atraídos por el Berlín sexy, los alquileres baratos y el aire de cambios que ofrecía la ciudad.
Veintiún años después de la histórica unificación del país, Berlín, además de ser sexy, ofrece una imagen que no cuentan las reseñas de las guías turísticas y que se puede dibujar utilizando las estadísticas oficiales: 600.000 personas (400.000 adultos y 200.000 niños) viven del Hartz IV, la ayuda social que fue bautizada con el apellido del hombre que diseñó gran parte de la famosa Agenda 2010, impulsada en su día por el excanciller Gerhard Schröder.
600.000 almas que, según las leyes más rígidas de la economía, deberían ser clasificadas como pobres, un concepto que según la OCDE afecta a las personas que reciben un 60% del sueldo medio nacional, que en Alemania ronda los 2.000 euros mensuales. Esto significa que un 22% de los hogares con tres hijos se encuentra al borde de la pobreza y el porcentaje aumenta a un 36% para las familias con cuatro o más hijos.
La subvención Hartz IV la reciben personas que, por razones de lo más variadas, no logran encontrar un empleo regular. En su día tuvo la magia de modernizar el anquilosado mercado laboral.
Jenny O., una madre soltera que nació en Berlín Este hace treinta años, vive y da de comer a su hijo de 10 años gracias al Hartz IV. Jenny recibe todos los meses 1.036,60 euros del Estado, una suma que le permite pagar el alquiler de un piso de dos habitaciones (588 euros mensuales). Con el resto, hace la compra y paga la inscripción del chaval en un club de fútbol. También visita cuando puede un comedor popular que financia Arche (Arca en español): se trata de una organización benéfica de la Iglesia Evangélica, que reparte 600 comidas al día para niños en cuatro centros repartidos por Berlín.
Jenny acabó la enseñanza media cuando Berlín comenzaba a convertirse en la ciudad más sexy de Alemania. Pero no tuvo mucha suerte. Las empresas donde podía encontrar trabajo fijo le cerraban las puertas al saber que era madre soltera. Sin una formación profesional y con un niño en los brazos, Jenny tuvo que acogerse en 2004 al famoso y polémico Hartz IV para no pasar hambre.
«La sociedad alemana discrimina a las madres solteras, pero al mismo tiempo estoy agradecida por la ayuda que ofrece para la gente que tiene una situación como la mía», comenta Jenny nada más terminar de comer con su hijo en el comedor social de Arche, en el barrio de Friedrichshain. «La ayuda que recibo cubre todas las necesidades existenciales mías y de mi hijo, pero no me ofrece soluciones para el futuro. Yo quiero trabajar».
Los 1.036 euros que recibe Jenny del Estado, es cierto, le permiten vivir casi de forma digna, pero no le resuelven sus inquietudes como persona. La jornada diaria, de lunes a viernes, es casi monótona para una mujer que intenta mejorar su situación. La primera preocupación es enviar a su hijo a la escuela y, más tarde, llenar solicitudes para encontrar un empleo.
«Estoy agradecida»
Tiene la supervivencia asegurada y en invierno recibirá una ayuda extra para pagar el gasto de la calefacción, pero Jenny no es feliz. Tiene miedo al futuro incierto que le depara la ‘ciudad sexy’ donde nació. El alquiler no tardará en subir y le angustia el futuro de su chaval. «No poder trabajar me deprime, lloro y, a veces, sufro de un complejo de inferioridad. Una se siente aislada del resto de la sociedad».
Jenny y su hijo pertenecen al último círculo de la sociedad alemana, un grupo social que apenas tiene futuro en un país donde impera la meritocracia que castiga sin piedad la falta de iniciativas y la ausencia de títulos profesionales y universitarios. Pero no pasan hambre y la ayuda social les permitirá, con un poco de suerte, disfrutar de las próximas navidades en Austria.
«Podemos estar contentos de tener un sistema social como el que existe en Alemania. Yo no tengo lujos en mi hogar, como otros Hartz IV, pero estoy agradecida por lo que recibo. Mi situación mejoraría si el sistema se preocupara más de los hijos y de las madres solteras».
Procedencia de la información:
El Diario Montañés
El estigma de la madre soltera

BUSCO SOBRINO QUE FUE DADO EN ADOPCION EN ESPAÑA EN EL AÑO 1975 PUDO SER MES DE SEPTIEMBRE, OCTUBRE, O NOVIEMBRE. SU PELO PUEDE QUE LO TENGA PELIRROJO, Y LAS MANOS CON LOS DEDOS MUY LARGOS. ESPERO GRAN CARIÑO PARA ABRAZARLO.
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