ADOLESCENTES. Las comparaciones siempre son odiosas
“¡Necesito de alguien que me comprenda! Mis padres solo están pendientes de lo que hago, pero no siento que se interesen por mí. Muchas veces ni yo misma sé por qué hago lo que les disgusta, cómo voy a darles explicaciones. Sé que tengo que ordenar mi vida pero no sé cómo”.
Sacado del diario de una adolescente.
El psicólogo clínico David Solá habla de modo muy claro a los padres: “Vuestro hijo no es un adulto ni tampoco un niño: es un adolescente, lo cual es una ‘especie’ diferente a las otras dos. Podría considerársele como un ‘proyecto de adulto’, pero como tal proyecto no está terminado, y por tanto no se puede esperar de él que responda como una obra concluida”.
Los años difíciles
“La adolescencia es la época en que los jóvenes definen su posición en la familia, en los grupos de compañeros y en la sociedad en general. Se ven en la necesidad de luchar con la transición de la niñez a la edad adulta. Hasta ahora dependían básicamente de sus padres, pero en la edad adulta se espera que sean independientes y que tomen decisiones que afectarán a todo su futuro.
Sin duda alguna es una época difícil para muchos jóvenes. Tienen que enfrentarse a cambios físicos, a las presiones para seguir lo que está de moda en ese momento, a la presión del grupo de sus compañeros, que le marcan en muchos casos un comportamiento contrario a las normas familiares y sociales. Por otra parte, también tiene que dar respuesta a las expectativas crecientes de los familiares, profesores y otros adultos.
Para algunos jóvenes, los desafíos normales de la adolescencia se complican aún más porque se enfrentan con situaciones difíciles en sus familias, problemas en la escuela, vecindarios en mal estado, o exposición al alcohol o a otras drogas. En el caso de no tener apoyo y orientación, estos jóvenes pueden desarrollar comportamientos disfuncionales y hasta peligroso para ellos y para otras personas.”
Las comparaciones siempre son odiosas
“Cuando pensamos en nuestra adolescencia, probablemente no tendremos un recuerdo realista de todo lo que significó para nosotros y para los que convivían con nosotros”.
El contexto en el que vivieron los padres seguramente nada tiene que ver con el que viven los hijos. Los límites i la influencia social que tuvieron los padres tampoco es la misma que tienen sus hijos. En consecuencia, hay que descartar las comparaciones, porque están fuera de lugar. Más bien pueden crear incomprensión e irritación en el adolescente.
“Muchos adolescentes echan mano de una serie de recursos antes inimaginables, tales como los portazos y las voces para intimidar a los padres, o las expresiones llenas de dureza e ingratitud para conmover su corazón. Otros, en cambio, interiorizan sus tensiones y manifiestan conductas que también preocupan a los padres por su matiz disfuncional. Todas estas conductas son respuestas típicas en una etapa de su vida que se ha escapado a su control”.
“Cada uno de nuestros hijos es único, y su contexto particular y su relación con nosotros también. Éste es el primer hecho que no podemos perder de vista para comenzar a actuar con acierto.”
Fuente de información:
David Solá
Este adolescente necesita otros padres
Ediciones Noufront, 2008
Calendula
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