Noehmi A. M. ha escrito su dolorosa experiencia de mujer maltratada en la web de las madres solteras. Ella se salió. Tú también puedes hacerlo.

Hola, hoy me atrevo a decir que fui una mujer que vivió violencia doméstica. Hoy quiero decirles a todas esas mujeres que están pasando por lo mismo por lo que pasé yo, que sí se puede poner un alto, que sí puedes dejar a esa persona.

Es pobre y vive en Croacia. La conocí en un viaje. Ponle un rostro. Puede ser cualquiera de nosotras.

Es pobre y vive en Croacia. La conocí en un viaje. Ponle un rostro. Puede ser cualquiera de nosotras.

Yo me casé cuando tenía 19 años y me casé enamorada, pensando que iba a vivir feliz toda la vida. Jamás me imaginé que esa persona que yo amaba tanto pudiera hacerme tanto daño, pero lo hizo.

Primero fue aislándome de mis amigas, amigos, de mi familia. Empezaron los celos, aunque en realidad los celos empezaron desde el noviazgo, pero yo me negué a ver eso. Creía que se ponía celoso porque me quería, y eso era lo que él me decía. Después ya casados tuvimos una discusión y él me dio una cachetada. A partir de ahí empezó mi martirio. Nadie jamás en la vida, ni mis padres, me había abofeteado. Y él lo hizo y yo lo permití, no le puse un alto, no me separé.

Él, claro, me pidió perdón mil veces, diciendo que jamás lo volvería a hacer. Se justificó diciendo que lo hizo porque andaba tomado. Y lo perdoné. Ese fue mi peor error.

Después salí embarazada de mi beba y las peleas, los celos, continuaban. Ya no recuerdo cuantas veces fui a dar al hospital, a punto de perder a mi bebe, por tantos problemas. Algunas veces por discusiones, otras por caídas y empujones que él me daba. Cuando tenía 2 meses de embarazo andábamos en un baile y solo porque un amigo de la preparatoria me saludó al salir de la fiesta, no me dejó de insultar, de decirme que era una cualquiera. La discusión fue tan fuerte que me cacheteó, golpeó, intento ahorcarme. Me dejó un ojo prácticamente morado porque me golpeó con la mano empuñada. Esa fue una golpiza de las más fuertes que me dio y apenas teníamos tres meses de casados. Viví un año con él, pero fueron tantos los golpes, las humillaciones que recibí en ese año, que no recuerdo cuántas veces lo dejé y las mismas que me pedía perdón y yo volvía con él, pensando que iba a cambiar, porque me lo había prometido. Y si cambiaba, solo unos días. Pero pronto volvía a comportarse igual o más violento.

Pero todo cambió cuando mi hija nació. Cuando ella nació, a mí me cambió la vida. Cuando la pusieron en mi pecho por primera vez, juré que jamás iba a permitir que mi hija viviera en un ambiente de violencia Y así fue. Él no cambió. Los insultos y la desconfianza seguían. Llegué a un punto en el que estaba harta de estar con él, de aguantar todas sus humillaciones. Ahora yo ya tenía a alguien por quien luchar, por quien vivir. Mi vida ya no giraba en torno a él. Ahora era mi pequeña lo más importante, así que en una discusión en la que él intento golpearme e intimidarme como antes lo hacía, agarré a mi hija y me salí de la casa y lo denuncié.

Todavía lo recuerdo y no puedo creer como salí, si le tenía tanto miedo. Quizá en ese momento solo pensé en sacar a mi hija de ahí, porque corría peligro, porque él me chantajeaba con ella.

A partir de que salí, jamás volví a la casa. Sé que perdí todo, muebles, cosas, todo, pero salvé lo más importante: mi hija y mi dignidad como mujer. Hoy por eso me atrevo a decirles a las mujeres que sufren de violencia, si pueden salir adelante solas, si pueden sacar a sus hijos adelante solas, no permitan más violencia, no les causen ese daño a sus hijos.

Aléjate, busca ayuda si la hay. Y te sientes libre cuando dejas esa vida. Es como si te quitaran una gran piedra de la espalda. Somos mujeres, somos fuertes, somos inteligentes, autoeficientes. Podemos salir solas adelante. Aléjate de ese hombre que  dice quererte, pero te maltrata. Ese tipo de hombres no valen la pena. Te mereces algo mejor. Hay una vida mejor dejándolo a él.

Calendula
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