¿TIENES UN MALTRATADOR PERSONAL? ¿SUFRES ACOSO EN EL TRABAJO? Hagamos balance
La mayoría de mujeres tenemos o hemos tenido a nuestro lado a un maltratador. Un fiel maltratador personal, disciplinado, incansable, insobornable… Hay un maltratador para cada período de nuestra vida. No crean que sólo existe uno (novio o marido). No hay que agudizar mucho el oído para escuchar los flagelos verbales de que hemos sido objeto desde el momento de nacer. Y generalmente las destinatarias somos las mujeres.

¡Caramba!, ¡es que estamos tan acostumbradas a ser despreciadas con bromas, chistes, cinismo, insinuaciones, etc., que ya ni nos damos cuenta!
Hagamos balance
El maltratador personal unas veces tiene cara de mujer, o de padre, o de hermano, de compañero o compañera de trabajo, de alumno, de profesor, de hijo… Da igual el sexo. El maltratador o maltratadora personal no cobra una cuota para ejercer su trabajo, como lo haría el entrenador personal del gimnasio, que remodela poco a poco el cuerpo de quien contrata sus servicios. Su odio, su frustración, su cobardía, su ansia de poder, su envidia, se ven compensados por el sufrimiento que abrasa a la víctima. El dolor que causa vuelve a alimentar su odio, su frustración, su cobardía, su ansia de poder, su envidia. Es un círculo de odio sobre odio.
El maltratador personal (lo diré en masculino, aunque también puede ser femenino), casi siempre es hombre, pero también es del género mujer. No nos engañemos.
El maltratador causa miedo a todo el mundo
Que el maltratador causa miedo, pocas personas lo van a admitir. Quizá sólo lo reconozcan cuando ellas también sean objeto de maltrato. Antes, no. Ates no veían ni oían nada. El miedo, el terror, el temor a complicarse la vida, están en el inicio del ancho y fácil camino que va a recorrer el maltratador.
Madres, hermanos, hermanas, abuelos, abuelas, desoyen la angustia de la persona maltratada. La dejan a merced del violento. Porque, claro, estamos acostumbrados a dar al violento más poder del que ya tiene. Por algo el poder es uno de los valores que tenemos en mayor estima socialmente y en familia. Las víctimas, además de ser víctimas, sufren el menosprecio y el olvido del prójimo.
Y claro, ¡no vayamos inocentemente a pedir ayuda a un maltratador (camuflado), cuando seamos objeto de acoso laboral, escolar o familiar! ¡Nos va a despachar con buenas palabras, con disimulo, para que nadie se dé cuenta de que forma parte de esta élite de violentos!
La persona maltratada
La víctima puede convertirse en maltratadora en un buen número de casos, en especial cuando el modelo violento es el único que conozca el niño durante su infancia y adolescencia en el entorno familiar. Lo dicen los manuales.
Pero, seguro que conocemos a mujeres que han sufrido diez o más años de maltrato por parte del marido. La violencia nunca es en balde. La víctima acaba incorporando a su código ético muchos aspectos del código violento que le han aplicado. De eso no se habla, pero habría también que tratarlo.
Mobbing o acoso en el trabajo
El maltratador personal, en el ambiente laboral, goza de gran prestigio. Es muy hábil. Primero comienza hablando despectivamente de alguien. Después se burla. Dice cosas horribles como que tiene un bajo rendimiento, que hace mal su trabajo, que descuida sus obligaciones, que se equivoca mucho, que tiene muchos enemigos en la empresa (nadie quiere ser amigo de alguien que tiene cantidad de enemigos), etc.
Parece que muchos estén esperando a que alguien hable mal de otro trabajador. Inmediatamente se forman cohortes de trabajadores que jalean al maltratador, que le dan apoyo, que creen a pies juntillas todo lo que cuenta… En fin, que a la víctima se le hace un juicio sumarísimo (sin garantías procesales): no se le pide su versión de los hechos, no tiene derecho a defenderse, se le acusa sin pruebas, sin testigos, sin abogado defensor, sin juez, sin ley…, se le aísla…, los rumores están a la orden del día, sufre el acoso de estos compañeros…
Cuanto más aislada está la víctima, mayor es el regocijo de un buen grupo de compañeros, porque, a cambio, éstos obtienen la aprobación del compañero que maltrata. Si el maltratador es el jefe, la aprobación y la recompensa que van a recibir serán tan elevados que el trabajo bien hecho va a dejar de ser el objetivo primordial, para convertirse en secundario. Así se forman muchos lameculos en las empresas. No se les exige preparación o rendimiento, sino ante todo fidelidad y adulación. Nadie está más protegido que un fiel servidor sin escrúpulos.
Bullying o acoso escolar
Después de algunos suicidios de alumnos a causa del acoso de compañeros, finalmente la dirección y el profesorado de muchas escuelas se han puesto a hacer los deberes.
Es tan grave, aun, la situación, que gran número de padres con hijos acosados tienen que cambiarlos de colegio. Ni el centro ni los padres de alumnos les apoyan. La víctima, como en cualquier ámbito social, acostumbra a ser repudiada. Molesta. Hace feo. Nadie quiere ser víctima. Tiene más premio el maltratador. Más prestigio social. En el seno familiar, el acosador es encumbrado.
Los profesores vigilan en el patio, pero casi ninguno ve nada. En los pasillos, en las aulas, en el deporte, en la biblioteca, a la salida del centro, etc., nadie ve nada. Los alumnos sí que ven, pero callan. Quizá alguno lo cuente en casa, pero le dirán “tú no te metas en nada”. Así educamos entre todos a nuestros hijos, para que en la empresa sean futuros maltratadores o encubridores de conductas violentas. La palabra “violencia” no se menciona, porque también hace feo. A la violencia se la fomenta o consiente sin nombrarla, cosa que aun la hace más peligrosa y agresiva. Las conductas que no tienen nombre tampoco tienen ética, ni solución, ni castigo. En resumen: “no existen”.
El maltratador es un ser atractivo
No es un enfermo. Ni tiene verrugas. Ni signos externos que lo delaten. Simplemente es violento. Ante otras personas se presenta como un triunfador, simpático, generoso, conciliador.
En su vida, quizá no maltratará a más de cuatro o cinco personas. Es como un asesino que selecciona concienzudamente a su víctima. Por ejemplo: la compañera de trabajo que quiere ascender y necesita quitarse a alguien de delante.
La relación maltratador-víctima se establece cuando un violento (o persona con poder) y una persona pacífica (o subordinada) tienen un vínculo muy próximo o estrecho:
1. Contrato matrimonial (marido-mujer).
2. Familiar que no obedece las órdenes masculinas (hermano-hermana).
3. Persona que abandona a su pareja (hombre-mujer).
4. Trabajadora eficiente que no halaga a sus superiores (jefa-empleada).
5. Escolar con valores machistas frente a escolar apocado (alumno-alumno).
6. Madre severa frente a hijo revoltoso o rebelde (madre-hijo)
¿Cuál es tu opinion, estimada madre soltera? ¿Cuál es tu experiencia? Déjanos tu comentario.
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