El artículo que vas a leer a continuación nace a partir de distintas conversaciones con personas del género mujer.

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El punto de partida:

  • eres mujer;
  • deseas tener una relación estable con un hombre (con o sin convivencia);
  • crees que tienes derecho al cariño y a unas relaciones sexuales satisfactorias;
  • eres mujer sola bastante joven, con uno a varios hijos;
  • te encuentras en la flor de la vida: eres mujer sola con pocas obligaciones familiares y pasas de los cincuenta;
  • deseas el compromiso, pero conservando los espacios de libertad que has conquistado;
  • no te conformas con cualquier hombre; el respeto y el intercambio intelectual y cultural deben estar en la base de una futura relación sentimental;
  • en fin…, “me lo estás poniendo muy difícil”, que diría cualquiera que pensara de otro modo.

¿Poner difícil qué?

No te sabría decir cómo, pero la mujer ha cambiado mucho en poco tiempo y tiene aspiraciones acerca de las cuales frecuentemente ni ella misma es consciente.

Estudia, trabaja, viaja, tiene hijos con o sin pareja, aborta, se protege para no quedar embarazada, tiene opinión, se prepara intelectualmente y humanamente, es rápida, competente, perseverante, luchadora y vive su propia identidad sin importarle qué piensan las personas de su entorno.

A grandes trazos, la mujer se está convirtiendo en un ser maravilloso, espectacular, atractivo, alternativo a viejas costumbres misóginas… Si la mujer fuera una empresa, las asociaciones patronales y publicitarias le concederían el primer premio. PREMIO A LA INVENTIVA, LA CONSTANCIA, LA INNOVACIÓN.

¿Pero, qué pasa? Pues…, que tanto protagonismo molesta.

Y en este punto de su vida, son muchas las mujeres que no encuentran a un hombre. Los hombres aún viven, en términos generales, de las ideas de la vieja escuela de la mujer sumisa, semi analfabeta, hogareña y dispuesta a arreglarse sólo para gustar a su marido.

¿Dónde están los hombres?

Simplemente, se fueron. Buscan otras féminas más fáciles de manejar y de tratar; que nos les den quebraderos de cabeza; que piensen menos y luzcan más su físico y sus caracteres femeninos; y por supuesto que sean más jóvenes, porque los hombres, sea cual sea su edad y presencia física, tienen un gusto muy refinado: prefieren a las que tienen veinte años menos (las mujeres maduras, por consiguiente, no pueden competir con ellas). Las europeas y las también llamadas “feministas” y “emancipadas” se están convirtiendo en seres poco obedientes.

¿Por qué querrían muchas mujeres ser lesbianas?

No sé…, creo que se imaginan que tendrían mejores oportunidades para gozar de una pareja estable sin tener que subvertir su esencia femenina, sin renunciar a sus conquistas personales (entiéndase cultura, libertad, creatividad, implicación política y social, profesión, sueños…).

A la mujer, dicen, le importa mucho la estabilidad económica, pero también es cierto que se amolda fácilmente a nuevas situaciones.

  • puede convivir con una pareja mucho mayor que ella;
  • no está tan pendiente del físico de él; si la personalidad de éste es atractiva, la apariencia pasa a un segundo plano;
  • se adapta a las aficiones de él;
  • se adapta a la profesión de él (horarios, semanas y meses ausente del hogar, viajes cortos, ambiente laboral…);
  • busca convertirse en complemento de él, no en un tropiezo, no en una imagen que, según él, “le ponga en ridículo”…
  • familiarmente, es más integradora; busca crear un grupo sólido con la pareja y los hijos.

Todas esas cualidades, que generalmente tienen las mujeres y pocas veces hallamos en los hombres, son la causa de que algunas o bastantes mujeres suspiren por ser lesbianas.

Tienden a pensar, equivocada o acertadamente, que si fueran lesbianas, a su futura pareja no le importaría tanto que:

  • ella tuviera cincuenta o sesenta años;
  • su cuerpo mostrara algo de celulitis.
  • ella disfrutara con los viajes, porque viajarían juntas;
  • ella se fuera de compras, porque su pareja la acompañaría y aconsejaría si se lo pidiera;
  • ella tuviera una habitación para trabajar en su ordenador, porque la otra se quedaría tranquilamente en el comedor leyendo o viendo televisión; los distintos espacios no se interpretarían como un motivo de exclusión o enfrentamiento, sino de respeto.
  • la comunicación verbal fuera la base de su amor; ella se sentiría mejor comprendida a nivel de sentimientos, de recuerdos, de emociones, de proyectos…

La mujer sola, la madre soltera, dependiendo de su situación personal y de su edad, se siente sentimentalmente más sola que nunca. Vemos a las mujeres viajando en grupo, asistiendo a actos públicos, yendo al cine o al teatro, comprando en las librerías…, pero los hombres no están con ellas. Circulan por otro lado. Van en otra dirección. O procuran no encontrarse, excepto en la calle.

Si yo fuera…

¿Si yo fuera lesbiana, tendría más oportunidades? ¿Sería invisible, como lo soy ahora?

¿Es el precio que tenemos que pagar las mujeres que, a lo largo del siglo XX y ya entrado el XXI, estamos haciendo nuestra propia revolución?

Son preguntas que quedan al aire.

Si eres lesbiana, ¿qué opinas?

Y si no lo eres, ¿te parece que la mujer podría ser mejor pareja que el hombre?

Calendula
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